domingo 29 de junio de 2008

Clase media, trabajo y desesperanza en Rabia

Al preguntarnos sobre la importancia del tópico del trabajo en el cine chileno de ficción, nos damos cuenta que su lugar es inexistente e ilusorio. El cine chileno ha creado una doble ficción que se desdobla a través de personajes que no poseen ninguna identificación con el ciudadano promedio de nuestro país. Claro, esto es, si convenimos la referencia en un citadino de clase media, trabajador de las PYMES, burócrata u oficinista que vive endeudado e inconforme con su bienestar general.

En cambio nos divertimos con la vida de las parejas infieles, de músicos desequilibrados, superhéroes bizarros, personajes marginales, apostadores o delincuentes, todos paradigmas sociales basados en la actividad ociosa que socava el modelo del trabajo edificante. En otros casos, el trabajo es un elemento secundario en la diégesis del film y en ningún caso cobra protagonismo, perdiendo incluso verosimilitud.

Si históricamente la clase media ha tenido una escasa representación y autoconciencia en el espacio público, el cine chileno de ficción ha distanciado aún más la posibilidad de este reencuentro, ahora como espectador.

El caso de Rabia de Óscar Cárdenas, grafica una espléndida excepción. Aquí el trabajo es el tema de discusión, o mejor dicho, la ausencia de éste: la cesantía. [1]

La película aborda el impotente trayecto de Camila Sepúlveda (Carola Carrasco), una secretaria de 25 años, que busca infructuosamente un trabajo. La mezcla utilizada es plenamente consecuente. Su película no tiene concesión alguna y está narrada a partir del tiempo muerto. Camila sólo puede “ser en espera” porque decide tener su oportunidad a través de la entrevista de trabajo, es decir, él único conducto regular para conseguir un empleo.


El tiempo real transcurre entre miradas incómodas y sonrisas cómplices con otras aspirantes a secretarias. Este tiempo vacío da la oportunidad para que deambulen diversos personajes, encuentros azarosos que ponen en relieve las injusticias laborales de todos los días: el que consigue un trabajo sólo por suerte, el que lo obtiene por influencias, la discriminación social y el ejercicio desmedido y perverso del poder.

Rabia viene a inaugurar un nuevo y gran paradigma en el cine chileno de ficción: la clase media desprotegida. Un personaje con valores y convicciones que es devorado sin compasión por la máquina. El establecimiento descarado de una sociedad darwinista y amoral, donde el más astuto y poderoso es el triunfador.

Óscar Cárdenas se ha saltado el proceso de reencuentro entre espectador y su imaginario en el cine, para realizar una obra con un violento sentido denunciatorio. Una cinta que habla directamente, sin polisemias aparentes, que ignora la ansiedad por la acción de muchos espectadores y que se esmera en hacer un retrato consecuente del Chile en la actualidad.

Parte de esta forma de interpretar la sociedad está en la prescindencia absoluta de los clichés de la industria chilena, como lo son el trabajo con actores famosos, los diálogos cargados de lugares comunes y locaciones ultra repetidas en el mundo audiovisual y publicitario chileno.

Rabia es un terreno desconocido, no sólo en lo temático, sino que también en su espíritu de independencia estética y económica. Las actuaciones, todas de actrices desconocidas, logran una cercanía inusitada. Una interpretación impresionante es la hecha por Carola Carrasco, que alcanza un increíble tono verídico que no se lograba, tal vez, desde Y las vacas vuelan.

La nula intervención de las locaciones, maquillaje y vestuario de horrible cotidianeidad, hacen que la precaria dirección de arte refuerce una historia donde lo inhóspito y el tedio se asoma como un elemento más de la atmósfera del film.

Finalmente hay un punto narrativo muy austero: un narrador objetivo, una estructura elíptica, un uso constante de supuestos emotivos, diálogos llenos de subtextos y una cámara que plantea la contemplación como un elemento central. Si bien, la tesis transversal del film es bastante clara, estos pequeños detalles crean un espacio de libre interpretación en que el espectador se puede apropiar de la obra. Un trabajo cuyo mensaje es claro y crítico, pero con una construcción lo suficientemente abierta para que englobe la participación de sus asistentes.

Rabia es una obra totalmente original dentro de la producción cinematográfica nacional, un trabajo inteligente que no pretende recrear burdamente nuestro entorno, sino que revelar la vida y los lugares habituales desde un punto de vista coyuntural reflexivo.

[1]
Un antecedente clave de la cesantía en el cine chileno, es el filme El otro round (1983), de Cristián Sánchez. En esta película, un boxeador y su entrenador quedan en graves problemas económicos, una vez que dejan la actividad, debido a una derrota del púgil. Esto los obliga a buscar nuevos rumbos laborales en otras áreas. Con una evidente escasez de recursos, El otro round se posiciona como un gran documento fílmico-histórico de los años ochenta, reflejando la búsqueda de oportunidades de dos sujetos por las calles de un Santiago, muy pocas veces mostrado en el cine chileno.

viernes 2 de mayo de 2008

Un balance del BAFICI para Glauber por Cynthia Sabat

Glauber no podía quedarse al margen del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente - BAFICI 2008, es por eso que presentamos a continuación un balance de este certamen, realizado por nuestra enviada especial Cynthia Sabat, quien en exclusiva para nuestro blog, nos cuenta qué fue lo peor y lo mejor del BAFICI en su versión número diez.


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Arriba, el favorito de Cynthia, Werner Herzog. Abajo, nuestra enviada especial posa con Lee Kang-Sheng (actor fetiche del cineasta taiwanés Tsai Ming-Liang), ganador del premio al mejor actor del certamen, por la película "Help Me Eros", de la que también es el director.
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Bueno, ¿cual es mi balance? Como dice con mucha razón Andrés Di Tella (ex director del Bafici): sólo puedo hablar de las películas que vi, y de lo que "vi" o "viví". No soy de esos periodistas que preguntan a sus colegas qué onda, y después escriben como si hubieran estado en todos lados. Yo vi 31 películas, estuve en un par de eventos, compartí cafés con alguna gente, y lo que puedo hacer es plasmar esa sensación general que me dejó este festival al que quiero tanto, y que tanto influyó en mi cinefilia y en mi formación como periodista de cine (al igual que en la de muchos!)

El primer BAFICI de Wolf me gustó más que el último de Peña. Esta décima edición volvió a "oler a espíritu joven". Pero, ojo, además de que en su momento hice mis críticas a Peña y NO ME GUARDÉ NADA (sino vean mi crónica del festival en la Haciendo Cine[1], la nota se titulaba "La peña no da abasto"...), también creo que cada director (porque los equipos artísticos y de producción prácticamente no cambian de gestión en gestión) no puede hacer otra cosa que impregnar al festival con su background, con sus amores y odios cinéfilos, con sus puntos de vista con respecto a la política cinematográfica.

En este sentido, me parece que esta fue una muy digna edición Nº10 del BAFICI, con mejoras en el tema infraestructura (el espacio de prensa y el meeting point fueron optimizados); con un equipo de prensa que logró que no extrañáramos TANTO a la siempre pro y sonriente María Laura Monti[2] y a su equipo histórico; con una siempre megalómana programación (más de 400 películas en 11 días...), pero que tuvo como característica su homogeneidad con respecto a la calidad. No hubo grandes garrones: sólo películas menos buenas, o con estéticas o propuestas no tan interesantes, o cuestionables, o engañosas (por ejemplo, para mí entran en esa bolsa la hypeada Zoo o Les chanson d´amour).

No pude dejar de notar la ausencia absoluta de autoridades del INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales). El día de la inauguración, Liliana Mazure había asumido como presidente del Instituto. No se la vio esa noche, ni las siguientes noches, ni la noche del cierre. ¿Puede leerse como un round de la pelea entre pinguinos y macristas?[3] O sea plis, fue poco serio... Y yo no soy mazurista precisamente eh...

Aquí va mi lista de LO MENOS y LO MÁS de este BAFICI. Muchísimas gracias a quienes votaron en el TOP 5 de la industria, y a los que siguieron el día a día del fest en mi blog! Espero sus comentarios!!! Abrazos, C.

LO MENOS
- La desilusión de Zoo.
- Los problemas constantes con el subtitulado... Mónica plis!
- Demasiado alcohol y poca comida en la fiesta de apertura.
- Las butacas que se salían y arrojaban a la gente al piso en el 25 de Mayo.
- Habernos privado del mítico plano secuencia de The Man from London de Bela Tarr, por problemas en la proyección!
- Haberme perdido Historias extraordinarias de Llinás.
- No haber conseguido entradas para el combo Las variaciones Marker (de mi amigo Isaki) + Lynch.
- Haberme perdido TODAS las pelis de Koji Wakamatsu![4]
- No haber visto ninguna de las ganadoras! (es la pesadilla de los periodistas de cines!)
- No haber visto aún ninguna película de Raya Martin.

LO MÁS
- El Atlas Santa Fé! Lo amo!
- La góndola de Café Martínez y su cafecito delicioso entre funciones.
- La sala de prensa y sus chicos.
- La presencia de Carlos Reygadas.
- Carne sobre carne de Diego Curubeto.
- La foto que me saqué con la Tigresa Acuña.
- La alegría que me dio Double time.
- Haber conocido personalmente a Lee Kang-sheng y haberle dicho muchas cosas!
- La locura absoluta de Mister Lonely de Harmony Korine.
- El satory que produce Profit Lonely... con su final.
- El 25 de Mayo.
- La sutileza y la fuerza detrás de la aparente simpleza de Useless de Jia Zhang-ke.
- La proyección de Luca al aire libre.
- El catálogo: perfecto, útil, bello.
- El Sin Aliento[5]: puede volver a su mejor momento en cualquier edición.
- La selección de cine nacional: coincido con Andrés, gran cosecha.
- Haber visto todas las pelis del foco Julien Temple.
- Haber compartido cafés cinéfilos con amigos, y haberme sentido feliz.
- Otto de Bruce LaBruce y su absoluta irreverencia!
- Haber conseguido una entrada para la única función de Liverpool (Gracias Lu!)
- El asombro ante Construcción de una ciudad (gracias, otra vez, Néstor)
- Las lágrimas que me arrancó Herzog.

MI TOP 10
Encounters at the end of the world, Werner Herzog.
My Winnipeg, Guy Maddin.
3º Flipping out, Yoav Sharim.
Liverpool, Lisandro Alonso.
Mister Lonely, Harmony Korine.
Help Me Eros, Lee Kang-Sheng.
Profit Motive and The whispering Wind, John Gianvito.
Luz silenciosa, Carlos Reygadas.
Mange, ceci est mon corps, Michelange Quay.
10º Año uña, Jonás Cuarón.

Nota: Hay varias pelis del fest que yo ya había visto antes, como El secreto del bosque de Naomi Kawase, Paranoid Park de Gus Van Sant, I´m a cyborg but that´s OK de Chang-wook park (fui la fan Nº1 en Argentina), Luca de Rodrigo Espina y Control de Anton Corbjin. No incluí estas pelis en mi ranking, pero hubieran merecido estar!

Notas de la edición del blog:


[1]
Cynthia Sabat trabajó durante tres años como editora de la revista argentina "Haciendo Cine".


[2]
María Laura Monti fue la jefa de prensa del BAFICI durante sus primeras nueve versiones.


[3]
Cynthia hace referencia a la disputa entre simpatizantes de Néstor Kirchner (ex presidente argentino) y de Mauricio Macri (actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires).


[4]
Kôji Wakamatsu (1936) es un cineasta japonés de larga trayectoria, que trabajó un género llamado "pinku-eiga", que vendría siendo algo así como películas eróticas de bajo presupuesto. En esta edición del BAFICI, se presentó una retrospectiva con 16 de sus filmes.


[5]
"Sin Aliento" es el nombre del diario oficial del BAFICI. Los ejemplares de la edición 2008 se pueden descargar en la página web oficial del festival.

domingo 6 de abril de 2008

Werner Herzog: ¿asimilación o mimetismo?

La asimilación o el mimetismo parecen ser dos opciones tomadas por una serie de destacados directores internacionales, que han dado un salto profesional al instalarse en la industria cinematográfica estadounidense. Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu y David Cronemberg son algunos de los tantos cineastas que pueden ser separados en estas categorías: asimilación en un sistema donde es difícil imponer sus principios autorales o mimetización al aparentar un cambio exterior, en este caso, la aceptación de las reglas del mercado americano, sin traicionar la poética personal. Perteneciente a este último grupo, y extrañamente poco comentado en nuestro país, se encuentra el director alemán Werner Herzog, realizador que proviene de la precariedad del cine independiente que surgió en su país durante la década del ´70, bajo el rótulo de “Nuevo Cine Alemán”.

En la actualidad, Herzog se apronta a realizar un nuevo proyecto de gran presupuesto. Se trata de un film inspirado en la novela “El afinador de pianos”, del escritor estadounidense Daniel Manson. La historia aborda el caso de un músico inglés de mediados del siglo XIX, que debe viajar hasta Birmania para trabajar como afinador del piano de un militar de alta jerarquía.

Werner Herzog, a nivel artístico, ha podido “mimetizarse” dentro de la prepotencia y las exigencias de un mercado tan competitivo. Es así, que su calidad como documentalista permanece intacta, como también las temáticas que ha desarrollado desde sus primeros trabajos. Es el caso de sus dos últimos documentales: la sorprendente “GrizzlyMan” (2005) y la cinta rodada en la Antártida, “Encuentros en el fin del mundo” (2007), que será estrenada esta semana en el BAFICI [1]. Mientras la primera es un relato pesimista que muestra la imposibilidad del paraíso edénico, en la última, sigue el camino de trabajos de impulso romántico, como: “El gran éxtasis del escultor de madera Steiner” (1974), “El enigma de Kaspar Hauser” (1974) y “Fitzcarraldo” (1982), en los cuales el arrebatador poder de la naturaleza se impone a la indefensión del hombre.

La actual convivencia con los grandes capitales americanos permite que su producción de documentales tenga una salida comercial en la televisión de este país y, en definitiva, al mundo entero. Hecho realmente positivo, ya que el director es más prolífico como documentalista y, paradojalmente, menos conocido por estas realizaciones.

Si hablamos de sus filmes de ficción, aquí podríamos detectar mayores concesiones. En “Rescue Dawn” (2006), basada en la historia verídica de un prisionero sobreviviente de la guerra de Vietnam, poseía una estructura condescendiente con las narrativas habituales de la gran industria. Aún así, esto no significó un vuelco absoluto en su carrera; es más, todavía no pierde uno de sus grandes méritos: la vocación de crear imágenes vivenciales y extáticas de la realidad. Su actor protagónico, Christian Bale, aparece como un ánima del horror, un fiel representante de la fragilidad humana. Su dolor y locura son percibidos con gran eficacia, aportando algo original en una cinta que podría haber sido simplemente mediocre.

Es por esto que las expectativas de este nuevo trabajo son altas. Evidentemente existen una serie de elementos retóricos en su trayectoria que nos hacen suponer que podríamos ver un trabajo genuinamente herzoguiano.

Primero, el habitual viaje hacia la brutalidad del mundo natural o “real”. Lejos de la civilización y más cercano a un espacio cultural regido por el pensamiento mítico-mágico. Un mundo al que el Herzog suele otorgarle toques de un humor exquisitamente kafkiano.

Agreguemos su habitual búsqueda del peligro en cada filmación. Una exposición que demuestra la voluntad de experimentar activamente su trabajo (algunos críticos sostienen que su pensamiento existencialista le impele a enfrentarse a la muerte en cada filmación). El paraje elegido, Birmania, no sólo propone dificultades geográficas al equipo. Existen además problemas de tipo político porque el país está gobernado por una dura dictadura que debe lidiar con numerosos grupos opositores.

En segundo lugar, una historia en que la música es un factor relevante. Sonidos experimentales, líricos, folclóricos y personajes músicos, le han servido para construir una imagen poética que evoque un estado interior. Práctica lógica si recordamos su pasión por la música y su paralelo desempeño en la dirección de destacadas óperas.

Una localización histórica significativa. El siglo XIX se caracteriza por la exaltación romántica. A la vez, es un período de modernidad y progreso científico que Herzog en sus filmes satiriza. Este olvido de un espacio original del hombre, ha desembocado en una actitud de menosprecio hacia la naturaleza y la propia dignidad humana. El director, es un crítico implícito de la civilización, lo que justifica su preferencia por la observación y defensa de grupos étnicos originales y la obsesión por paisajes naturales incorruptos por el hombre.

Esperamos que con estos próximos trabajos, Werner Herzog siga demostrando al público que su larga trayectoria no es impedimento para conseguir una filmografía sólida. Estamos en presencia, sin duda alguna, de un impetuoso militante del cine-acción, un poeta cultivador de la intuición, que aún no parece intimidarse ante el largo paso de los años.

[1] También se exhibirá en la categoría "Trayectorias", el polémico remake del clásico "Funny Games", del austriaco Michael Haneke (Cachè). Un director que al igual que Werner Herzog, entró al mercado norteamericano tratando de no traicionar los principios de su original filmografía.

viernes 21 de marzo de 2008

Daniel Burman: “El trabajo con los actores es la película”

Dando inicio a nuestra sección de entrevistas, el equipo de Glauber conversó en exclusiva con el cineasta argentino Daniel Burman, en el marco de su paso por Santiago, mientras afina los últimos detalles de post-producción de “El nido vacío”, su nueva película, que será estrenada el próximo 24 de abril en Argentina.

Ganador del Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín 2004, con el “El abrazo partido”, Burman ha construido una interesante filmografía en donde destacan las referencias al tema de la identidad extranjera en Buenos Aires, a través de los conflictos de un personaje inquieto e inseguro (Daniel Hendler) y la capacidad de crear situaciones frescas y cotidianas, inmersas, por supuesto, en una sociedad argentina marcada por la crisis. Y aunque Burman no se hace cargo explícitamente de este escenario social, si aparece como telón de fondo en varias de sus películas, principalmente en la llamada “trilogía de los arieles”, conformada por “Esperando al mesías” (2000), “El abrazo partido” (2003) y “Derecho de Familia”(2006). Precisamente esta última (ver comentario en actualización anterior del blog), marca un quiebre respecto a las dos primeras, en la manera de contar la historia, y que en “El abrazo partido” había llamado la atención por el acertado uso de esa cámara al hombro, suelta y movediza, que se paseaba libremente por la galería de pequeños negocios familiares en el Once, un barrio judío de Buenos Aires.

Daniel Burman, quien también está al mando de la productora BD Cine (ha sido coproductor de filmes como Garage Olimpo y Diarios de Motocicleta), tiene las cosas claras, le interesa contar historias, buenas historias, y a través de ellas crear una forma o un estilo, pero siempre en función de esas historias y no al revés. En esto, tiene una importancia fundamental el trabajo con los actores, al cual le da énfasis más que a cualquier otra cosa a la hora de realizar una película. Por eso no se puede dejar de mencionar el vínculo entre Burman y el actor uruguayo Daniel Hendler (25 Watts), presente en la trilogía mencionada y que va repitiendo el mismo personaje desde “Esperando al Mesías”, hasta “Derecho de Familia”, con una lógica y marcada evolución. (En “El nido vacío”, Hendler no estará como parte del reparto, pero figura en los créditos como colaborador autoral en el guión).

Dejamos a continuación el video con el resumen de la entrevista que fue realizada hace unos días, en Santiago de Chile, por los reporteros de Glauber.




*Derecho de Familia se estrena el próximo jueves 27 de marzo en los cines de nuestro país (ya había tenido un preestreno en el Normandie).

domingo 9 de marzo de 2008

George Harrison x Martin Scorsese

Martin Scorsese se ha transformado en el cineasta encargado de llevar a la pantalla grande, potentes documentales sobre importantes figuras de la música del siglo XX. Bob Dylan fue su primer músico objeto de film con “No direction home” (2005), documental que recorre el período 1961-1966 en la carrera de Dylan, justamente la época en que pasa de la escena under de Minnesota, a convertirse en un ícono del folk y del rock and roll, con canciones como Like a Rolling Stone y Ballad Of A Thin Man. (En 1978, Scorsese había realizado el documental "El último vals", sobre The Band y su gira de despedida, en el que también aparecía Bob Dylan).

A esto hay que sumar “Shine a Light”, documental sobre The Rolling Stones, presentado el mes pasado en el Festival de Berlín, en el que Scorsese entrega su visión personal sobre la banda encabezada por Mick Jagger. En el marco del estreno de este trabajo en la Berlinale, Scorsese anunció que se encuentra preparando un proyecto sobre Bob Marley, para el que contaría con el apoyo de toda la familia del músico jamaicano y que se estrenaría el 6 de febrero de 2010, fecha en que Marley cumpliría 65 años de edad.

Siendo un seguidor de estos músicos (en especial de Dylan), el trabajo que espero con más ansias es el anunciado por Scorsese el año pasado, me refiero al documental sobre George Harrison, el cual ya estaría en fase de producción.

Una investigación sobre el otrora guitarrista de The Beatles, supone una clara diferencia con los otros músicos que Scorsese ha tributado. De inmediato habría que decir que Harrison fue un tipo mucho más bajo perfil que los anteriores nombrados, partiendo por su relación con Lennon, McCartney y Ringo, que siempre ha sido un elemento interesante a la hora de hablar del cuarteto de Liverpool. Lo fue en la época del “Antology”, esa serie de documentales que se lanzó a mediados de los noventa sobre The Beatles, en que se notaba un Harrison indiferente, disperso, con pocas ganas de hablar sobre sus años juntos a los Fab Four.

Siempre se supo de la poca participación que se le otorgaba a Harrison en el grupo, ante las figuras de Lennon y McCartney. Curiosamente, para muchos (me incluyo) son precisamente las canciones compuestas e interpretadas por Harrison las favoritas. Cómo no recordar esa famosa anécdota del día en que Frank Sinatra cantó “Something” en un concierto, presentándola como “mi canción favorita de Lennon y McCartney”.

George Harrison es quien tiene mayores coincidencias con los personajes de las películas de Scorsese. Esos marcados por la tríada: ascenso-caída-ascenso, tales como el Travis de “Taxi Driver” (1976) o el cómico soñador de “El Rey de la comedia” (1983). Después de su exitoso periplo con los Beatles y una primera jornada notable con sus primeros discos solistas, Harrison comenzó a experimentar irregularidades. Hubo alguna gira en que se le acusó que no se esforzaba por cantar de la mejor manera (específicamente en el año ’74). Hubo un par de discos discretos, que estuvieron muy por debajo de su primera época solista. Décadas después sería apuñalado por un intruso en el jardín de su mansión. Harrison quedaba al borde de la muerte y la historia se repetía, otro Beatle era atentado contra su vida, tras el asesinato de Lennon en 1980. Eran años difíciles, que se verían culminados con su muerte el 29 de noviembre de 2001, a causa de un cáncer al pulmón y con el posterior lanzamiento de Brainwashed (2002), su disco póstumo que lo hizo acelerar su proceso creativo, que sería culminado por su hijo.

Scorsese ha puesto los ojos en Harrison para un documental que debiera estrenarse el próximo año. Ha asegurado que éste tratará las distintas épocas del guitarrista: con los Beatles, como solista y como productor de cine (La vida de Brian, de los Monty Python, entre otras).

La única película de Martin Scorsese en la que suena una canción de George Harrison, es “Buenos Muchachos” (1990). Particularmente la canción suena por mucho rato, casi entera (en la parte final del filme, cuando hay un helicóptero que merodea por las afueras de la casa del personaje de Ray Liotta), a diferencia de las otras que se escuchan en la cinta. Y extrañamente no aparece en el soundtrack de la película. La canción es “What Is Life” del álbum All Things Must Pass, de 1970. De este mismo disco es la canción que les dejo a continuación. "If not for you", escrita por Bob Dylan y de la que Harrison hizo un gran cover.

Acá, en la versión cantada por ambos en un ensayo del Concierto para Bangladesh, de 1971:

sábado 1 de marzo de 2008

Derecho de familia: tradición y realismo

Daniel Burman es un cineasta exitoso. Ha recibido premios en los festivales de Cine de Mar del Plata, Sundance, Biarritz, La Habana, y en el año 2004 fue ganador de dos Osos en el Festival de Berlín, uno de ellos el Oso de Plata (Gran Premio del Jurado). Pero puede ser que parte de esta notoriedad no se haya alcanzado exclusivamente por su indudable talento y trabajo. Este joven director ha podido destacarse mediante una fórmula original: su capacidad de equilibrar un discurso personal –propuesta cada vez más innecesaria en nuestros tiempos de consumo- y un lenguaje versátil que adopta variadas opciones estilísticas.

En nuestro país se presentará próximamente en el Cine Arte Normandie, su última película llamada Derecho de familia, cinta que clausura “la trilogía judeo-argentina”, integrada por las anteriores Esperando Al Mesías y la condecorada El Abrazo Partido. Tres tragicomedias que poseen claros puntos en común: protagonizadas por tres “Arieles” (interpretados por Daniel Hendler), integrantes de familias judías y que luchan por su propia armonía emocional.

Podemos concluir que con el tiempo, Daniel Burman ha ganado más oficio. Se ha convertido en un cineasta poco predecible, que nos ofrece una alternativa distinta al laconismo y a la omisión narrativa de algunos de sus compatriotas como: Rodrigo Moreno, Lucrecia Martel o Ariel Rotter.

Derecho de familia narra el momento de crisis que vive Ariel Perelman (Daniel Hendler), un abogado que debe asumir la convivencia carismática con su padre, el también abogado Bernardo Perelman (Arturo Goetz), y el cuidado de su pequeño hijo, Gastón (Eloy Burman).

La historia es relatada a partir del punto de vista subjetivo de Ariel Perelman. Su voz en off -que parece imitar la apagada lectura de un acta judicial- nos entrega de manera exhaustiva todos los pormenores que rodean la vida de esta familia. Pero, al contrario de lo que pensamos, no es este relato explicativo el fundamental. El encanto y el sentido del film radica en las acciones mismas: miradas, gestos, conversaciones casuales y los actos rutinarios que nos sugieren mucho, sobre las relaciones establecidas entre padres e hijos, la importancia de la familia y la construcción de la identidad en los sujetos. Cabe destacar que gracias a una buena dirección de actores, Burman ha podido asegurar atmósferas íntimas muy naturales.

Estilísticamente hay una exquisita factura clásica. Planos americanos, un trabajo prolijo de montaje y una cámara tranquila, que realiza movimientos imperceptibles, deleitan la visión del espectador. El director se ha afirmado visualmente en algunos elementos como ventanillas, puertas, escalones y pasillos largos, para exponer el burocrático y ajetreado mundo judicial. Un Ambiente que parece abrirse ante una historia que no posee conflictos centrales, ni resoluciones aparentes.

Un aspecto interesante de esta trilogía, es aquella vinculación que Daniel Burman establece entre memoria individual y colectiva. Entre un judío que se enorgullece del peso de la tradición y un ciudadano argentino que denuncia el proceso de empobrecimiento, a causa de los avatares de la economía argentina. Se exhiben, con mayor o menor énfasis, variados dispositivos de memoria: grabaciones reales de ritos judaicos, material de archivo de protestas sociales e historias de sobrevivientes del Holocausto. La misma inclusión de su hijo pequeño, Eloy, el niño que actúa con impresionante ternura, es expresión de este cine que se resiste a la amnesia provocada por el transcurrir del tiempo. Un cine que todavía ve en el realismo un importante principio testimonial.

La filmografía de Daniel Burman demuestra la consistencia y calidad del cine argentino. Ni la globalización, ni las inversiones extranjeras presentes en las co-producciones realizadas en Latinoamérica, ni tampoco la crítica académica en contra de los discursos de carácter nacional, son hechos suficientes para concluir que la producción fílmica latinoamericana reciente, se haya estandarizado y perdido su impronta social. Un caso cercano que debería ser imitado en nuestro país.

jueves 28 de febrero de 2008

El Oscar y Glauber

La entrega de los premios Oscar el pasado domingo, tuvo un claro ganador, o unos claros ganadores, habría que decir. Son dos: Joel Coen y Ethan Coen. Su cinta “No Country for Old Men” obtuvo los premios a la mejor película, al mejor director, al mejor guión adaptado y al mejor actor de reparto (Javier Bardem).

Lo que más he leído y he escuchado en las informaciones posteriores a la ceremonia, es que se ha hecho justicia con los Coen. De inmediato se me viene a la mente que el año pasado se intentó hacer justicia con Scorsese, pero por una de sus peores películas (The Departed). Aunque más que la película en sí, encuentro lamentable el hecho de que hayan premiado a Scorsese por una cinta que es el remake de otra que se hizo hace menos de 10 años, lo que a mi modo de ver, no es otra cosa que aprovechar el éxito y originalidad de un filme de Hong Kong, que no es conocido por gran parte del público. Me refiero a "Asuntos Infernales", de Wai Keung Lau y Alan Mak. Sigo pensando que el Oscar a mejor director para Scorsese debió haber llegado por "Buenos Muchachos. O por último por "El Aviador", con todos los reparos que uno pueda tener, es más digna que "The Departed".

El Oscar no es santo de mi devoción. Antes de decepcionarme lo ocurrido con Scorsese el año pasado, la frustración había sido más grande cuando en 1998, “La vida es bella” fue elegida la mejor película extranjera, ganándole a “Estación Central” (saquen sus propias conclusiones).

Definitivamente el Oscar no ha sido muy dadivoso con el cine sudamericano. Si no me equivoco, es “La Historia oficial” de Luis Puenzo (Argentina), el único filme que ha obtenido el galardón. Aunque se dice que fue más por causas políticas que artísticas. (Argentina venía saliendo de una dictadura y la película denunciaba el tema de los robos de guaguas durante el período). De todos modos, es una película interesante, intensa y con muy buenas actuaciones.

Mi relación con el oscar es de amor y odio. Creo que sería muy importante para una cinematografía pequeña obtener un premio como éste, ya que la repercusión obtenida, haría que al menos la película ganadora no quedara en el olvido. (Lamentablemente "La vida es bella" siempre será recordada por ganar este trofeo que no mereció, y ojo, que más encima dicen que es un plagio. Alguna vez el director rumano, Radu Mihaileanu, acusó a Benigni de haberle robado la idea del argumento de su película “El tren de la vida”. Mihaileanu habría contactado a Benigni para reclutarlo como actor para esta cinta, pero Benigni se habría negado, habría tomado la idea y el resto ya todos lo sabemos).

Glauber Rocha nunca ganó el Oscar. Ni siquiera estuvo nominado. Su estilo crítico y políticamente incorrecto, obviamente no simpatizaba con los principios de la academia. Pero aunque suene raro y contradictorio, tal vez hubiera tenido algo positivo que Glauber coqueteara con el Oscar en aquellos años. Su nombre, sin duda, sería mucho más reconocido en la actualidad.

A falta de Oscar, Glauber Rocha sí tuvo reconocimientos en el Festival de Cannes. En 1967 ganó el premio de la crítica (FIPRESCI) por "Tierra en Trance". En 1969, recibió el premio a la mejor dirección por Antonio das Mortes. Y en 1977, el premio especial del jurado al mejor cortometraje, por “Di Cavalcanti” (este corto está disponible en Youtube).

Y no se puede dejar de mencionar que una de las categorías que se premia en el Festival de La Habana, lleva el nombre del cineasta brasileño. El premio “Glauber Rocha” lo entrega la prensa extranjera acreditada en el festival cubano, desde 1985. La última película que recibió este galardón, fue la uruguaya “El baño del papa”, codirigida por César Charlone y Enrique Fernández, en el marco del certamen del año pasado.